Poco después de la invasión rusa en Ucrania en 2022 diferentes federaciones, incluido la Federación Internacional de Patinaje, y el Comité Olímpico Internacional suspendieron a Rusia de competencias internacionales. La decisión fue bien recibida por los políticos de occidente, y a casi cuatro años de la invasión, la suspensión ha servido de poco, o de nada en el deporte.
Las federaciones y el COI tomaron una decisión contundente esperando que eso fuera un elemento de presión para alcanzar la paz, aunque en realidad, la conversión dejó de estar en el ámbito deportivo y se concentró en el político. La guerra pesó más que los casos de dopaje del gobierno ruso con sus atletas, y aunque aquello parecía tener sentido ético y humano, el primer dilema apareció cuando en esos años otros países invadieron o atacaron territorios sin sanciones deportivas. La balanza pareció no estar al mismo nivel.
Sin embargo, la mayor pérdida del COI y las federaciones internacionales fue la imposibilidad de intervenir y ejercer presión a los deportistas rusos. Debido a la suspensión de facto en la mayoría de los deportes, los atletas rusos, quienes eran figuras mediáticas en su país, empezaron a tomar un rol más protagónico en la política. En ese periodo, las federaciones no pudieron restringir la actividad y voz de los atletas que propiciaron un orgullo nacional que se volvió peligroso. La división se acrecentó en lugar de buscar una solución que permitiera a los atletas rusos expresar su deseo por la paz.

Debido a esto, después algunas federaciones y el COI permitieron a los atletas rusos participar en competencias internacionales bajo bandera neutral con una investigación de por medio para confirmar su no involucramiento y apoyo a la invasión rusa. Sin embargo, el daño estaba hecho. El Comité Olímpico Ucraniano y sus federaciones protestaron sobre la participación de atletas rusos y varias federaciones internacionales respaldaron su posición. El mero hecho étnico, ser ruso o no, significó estar a favor o no de la guerra, lo que no favoreció en la relación de los atletas de ambos países.
El deporte dejó de ser el elemento de unión de los países y competencia sana, y se llevó la discusión a temas políticos que resultaron subjetivos dependiendo de los gobernantes en el poder. Aunque el COI intentó rectificar esta posición, le costó credibilidad e influencia entre sus comités, pero sobre todo, los casos de dopaje pasaron a ser de segunda importancia cuando estos siguen afectando al deporte de alto rendimiento y a todos los países.
El COI perdió la oportunidad de usar los juegos como un evento de paz y reconciliación. Ejemplos como el desfile de las dos Coreas en los Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018 están lejos de la situación internacional actual. Y aunque hubiera parecido inevitable tomar partido en aquella suspensión rusa, las federaciones y el mundo ahora sufren las consecuencias de priorizar los políticos sobre el deporte. Los gobernantes cambiaron, y también sus prioridades, y esto dejó al deporte en el limbo. Sin la posibilidad de concentrarse en los problemas que le aquejan en el día a día.







Leave a comment